UN PASO ADELANTE 
   

   Cada sábado por la mañana, ya no era necesario tocar la puerta ni decir ALÓ para que alguien saliera a atendernos, pues siempre la señora MARÍA estaba en pie esperándonos con una sonrisa en su rostro...

 

(Texto escrito por Humberto Silva, voluntario de la Corporación)   Humberto con la Señora María

   La señora María Encina vive hace aproximadamente 30 años en la comuna de Huechuraba, junto a don Gilberto, su esposo, con el que luego de casarse y vivir por algunos años en el sector de Matucana con San Pablo, tuvieron tres hijas, de las cuales Paola, la menor de ellas, vive en una vivienda contigua a la suya con su hijo Jonathan, de 12 años.

   Actualmente, ambos adultos mayores; cuyas edades sobrepasan los 65 años cada uno, mantienen un estado de salud estable, asistiendo en forma periódica a controles médicos en el consultorio del sector.

 
    Sandra y Humberto poniendo el cielo en la casa de la Sra. María
   Sin embargo, don Gilberto sufre de Alzheimer, lo que hace que de vez en cuando pierda la noción del tiempo y de las actividades que realiza frecuentemente, olvidando hasta donde guarda sus artículos personales, herramientas y sus anhelados recuerdos del fútbol; hincha y jugador del Colo Colo. Incluso ha salido más de alguna vez  a recorrer el barrio sin saber como regresar a su casa.
 Por otro lado su hija Paola sufre de
esquizofrenia y al parecer mantiene una permanente adicción al consumo de drogas. Ella junto a su actual pareja y con la participación de Jonathan trabaja “esporádicamente” en la venta de drogas.
 
    Un Break en el trabajo, para compartir con los abuelos
   La señora María y don Gilberto vivían en una vivienda de 3 x 6 metros construida hace aproximadamente 20 años, la cual estaba bastante deteriorada por la acción de termitas y el paso del tiempo. Esta vivienda constituía las habitaciones que disponían para vivir en ocasiones junto a su nieto Jonathan, que actualmente vive con su madre; Paola. Además cuentan con una ampliación de la vivienda que constituye un modesto living y una cocina. Nuestro trabajo consistió en desarmar la vivienda que formaba las habitaciones del matrimonio, para posteriormente levantar en el mismo sitio una totalmente nueva, cuidando de no afectar el adecuado funcionamiento de su vida normal. Dichas labores se realizaron durante un fin de semana completo, pues era necesario desarmar y levantar rápidamente la vivienda, ya que los adultos mayores no tenían otro lugar en donde vivir.
    Armando, la Sra. María y Don Gilberto
    Posterior a estas actividades se procedió a forrar los muros de la vivienda (para aislar del frio), así como realizar el encielado (para aislar, y evitar la caída de agua por la condensación en las planchas del techo) y la instalación eléctrica de la nueva habitación.
   Nuestras labores como voluntarios no solo se basaron en la realización de actividades propias de reparación de la vivienda, sino también en
compañía a visitas al médico, mañanas de desayuno e incluso un par de almuerzos con ellos. Por otro lado, en ambos adultos mayores siempre existió la disponibilidad de ayudar en todo lo que necesitáramos, ya sea con su compañía, conversaciones, historias y anécdotas de sus vidas, un vaso de jugo heladito en las tardes de calor, e incluso en al transporte y orden  de materiales y herramientas.
 
La foto para la posteridad
 

 

 
  Los voluntarios reparan el techo para que los abuelos no se lluevan en el invierno
     
   La señora María Encina, y don Gilberto, vivían en condiciones de habitabilidad muy malas, y dada su delicada condición familiar, no podían mejorarla. Ahora, gracias al arduo trabajo de Humberto, Sandra, Armando, María José, Bárbara, Andrés, Beatriz y Natalie, los voluntarios que visitaron y repararon su vivienda, la señora María y don Gilberto, tienen una casa mucho mas acogedora.